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sobrecarga de cuidador

¿Cómo evitar la sobrecarga? Consejos para cuidadores no profesionales de enfermos de Alzheimer.

¿A qué se le denomina cuidador principal?

Ante el cambio de la situación de salud de un miembro de la familia y la disminución de su autonomía personal, habitualmente surge de forma espontánea que algún familiar se hace cargo en mayor medida de la persona, al que denominamos “cuidador principal”, siendo éste el que asume o sobre el que recae la atención y el cuidado de la persona dependiente.

Cuando se cuida a un familiar, se tiende a pensar que el cariño es suficiente para superar todas las dificultades, pero hay entender que es un cambio importante que afecta a todos los ámbitos de la vida (relación de pareja, salud, tiempo libre, economía).

Gran parte de los estos cuidadores sufren una significativa sobrecarga física, psicológica y emocional, especialmente cuando no se encuentran con los apoyos (familiares, económicos o institucionales) que les permitan desarrollar la labor de cuidado en unas condiciones favorables que permitan cuidar y cuidarse.

El estrés personal y emocional es enorme y se debe planear la manera de manejar la situación en el futuro. Comprender sus emociones les ayudará a sobrellevar satisfactoriamente los problemas de la persona y los suyos.

Algunas de las emociones que se experimentan pueden ser pena, culpa, enfado, vergüenza, soledad, impotencia, desesperanza y otras.

Sentimiento de pena

Es un sentimiento natural para alguien que ha experimentado una pérdida por causa, como puede ser, la enfermedad de Alzheimer, se puede sentir que se ha perdido a un compañero, un amigo o uno de los padres, y a menudo lamentarse porque la persona ya no es igual; justo cuando usted se ha terminado de adaptar, la persona cambia otra vez. Puede ser devastador cuando la persona ya no lo reconoce. Muchos cuidadores han encontrado que la integración de grupos de autoayuda es la mejor manera de continuar.

Sentimiento de culpa

Es muy común sentir culpa por sentirse incómodo debido al comportamiento de la persona, por enfadarse con ella, o por sentir que ya no puede continuar, y quizá esté valorando internar a esa persona en alguna residencia. Puede ser útil hablar sobre estos sentimientos con otros cuidadores y amigos, que incluso están en la misma situación, o buscar ayuda profesional.

Sentimiento de enfado

El enfado puede estar combinado, dirigido a la persona, al propio cuidador, al médico o a la situación, según las circunstancias. Es importante distinguir entre su enfado por el comportamiento de la persona, producto de su enfermedad, y su enfado con ella.

A veces es tan grande la sobrecarga y el enfadado, que se puede llegar al punto de hacer daño a la persona que está cuidando. Si este es el sentimiento, se debe buscar ayuda profesional, pues tener al cargo varias responsabilidades, como administrar las cuentas, arreglar la casa, cocinar, ocuparse de los médicos, es muy estresante. Conviene hablarlo con otros miembros de la familia o con un profesional.

Sentimiento de vergüenza

Es común sentir vergüenza cuando la persona tiene un comportamiento inapropiado. Su incomodidad puede desaparecer cuando comparte sus sentimientos con otros cuidadores que están pasando por las mismas situaciones. También ayuda dar explicaciones sobre la enfermedad a los amigos y vecinos para que puedan comprender mejor el comportamiento de la persona.

Sentimiento de soledad

Muchos cuidadores se apartan de la sociedad y se limitan a estar con la persona enferma en sus casas. Ser cuidador puede convertirlo en un ser solitario por haber perdido la relación con la persona enferma y con otros contactos sociales debido a las exigencias de ser un cuidador. La soledad dificulta el sobrellevar sus problemas. Es útil mantener las amistades y los contactos sociales.

¿Qué síntomas nos pueden indicar que un cuidador puede estar padeciendo el síndrome del cuidador “quemado”?

Mujer preocupada

 

 
Si quieres saber si padeces la sobrecarga del cuidador/cuidadora, contesta estas preguntas y podrás hacerte una idea rápida de si necesitas un respiro.

  • ¿Estás dejando de ver y llamar a amigos cercanos?
  • ¿Has abandonado aficiones o actividades que habías disfrutado durante años?
  • ¿Estás desarrollando problemas relacionados con el estrés como dolor de espalda, dolor de cabeza, fatiga crónica o depresión?
  • ¿Estás enfermo o te pones enfermo más a menudo de lo que sería normal?
  • ¿No tienes ganas de hacer nada? ¿Estás desmotivado/desmotivada?
  • ¿Te cuesta mantener la atención en lo que estás haciendo?
  • ¿Últimamente tienes mal carácter? ¿Te enfadas por pequeñas cosas y/o con amigos y familia?
  • Si tu pareja hace una cosa mal, ¿tienes ataques de ira?
  • ¿Has ganado o perdido peso sin querer?
  • ¿Tienes un sentimiento profundo de desesperación o pesimismo?
  • ¿Lloras sin razón o por problemas sin importancia?
  • ¿Te quejas por falta de sueño o insomnio crónico?

Como puede verse se trata de síntomas serios que pueden afectar nuestra calidad de vida y comprometer los cuidados que brindamos a la persona que depende de nosotros.

Consejos para evitar la sobrecarga:

Comparte las tareas

Pedir ayuda no es un signo de debilidad. Piensa en qué cosas pueden colaborar otros familiares o si puedes contar con unas horas semanales de asistencia profesional. No intentes hacerlo todo tú. Tu entorno debe entender que necesitas ayuda y momentos de descanso.

Acepta y valora la ayuda recibida

Recuerda que hay muchas formas válidas de hacer las cosas. Es más fácil lograr colaboración siendo flexible. Déjate ayudar y enseñar por otros familiares o por cuidadores profesionales.

No fomentes la dependencia

Es importante que la persona mayor mantenga cierta autonomía. Anímala para que haga todo lo que pueda por sí misma y pon límites a sus demandas (incluso aunque se enfade).

Apóyate en los amigos

Dejar de lado las relaciones sociales por falta de tiempo, es algo frecuente, pero es ahora cuando más las necesitas. Los amigos te darán un apoyo emocional fundamental y serán los primeros en detectar en ti las señales de sobrecarga.

Cuídate

Para cuidar a otros, lo primero es estar bien. No llegues a tu límite. Duerme lo suficiente, cuida tu alimentación y haz algo de ejercicio siempre que puedas. Pero sobre todo, cuida tu bienestar emocional: reserva tiempo para ti, relájate y busca distracciones. No renuncies a tus aficiones e intereses.

No olvides al resto de la familia

El cansancio puede hacer que descuides a quienes tienes más cerca. Esto termina generando situaciones de tensión en la pareja o con los hijos. Un buen ambiente familiar es tu mejor aliado. Trata de reservar tiempo para el resto de la familia y no descargar en ellos el cansancio y nerviosismo.

Escucha las señales de alarma

Cuando el cansancio o el desánimo ganen terreno, no intentes seguir adelante a toda costa. El momento de parar y dedicarte un poco de atención es antes de llegar a la sobrecarga.
Si no puedes disponer de ayuda familiar, recuerda que hay distintos tipos de ayuda profesional que pueden ofrecerte el respiro que necesitas, de hecho siempre es aconsejable dejar de la mano a profesionales y poder mantener una calidad de vida para todos en la familia.

https://www.qido.es/servicios

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